| La confianza de los inversores extranjeros se basa también en el crecimiento económico sostenido de Brasil en los últimos años, en torno al 5% a pesar de la crisis mundial. Y, mejor aún, se apoya en las previsiones de que el PIB repunte un 7,2% este año.
Ese continuismo es el que mantendrá en la agenda medidas de gran calado popular como la Bolsa Familia, que ayuda a hogares en situación de pobreza y que ha permitido reducir las desigualdades sociales y la pobreza extrema.
Según el Banco Central do Brasil (BC), la clase media brasileña (Clase C), que cuenta con una renta familiar que va desde los 1.126 reales (472,4 euros) hasta los 4.854 reales (2.053,5 euros) , ha pasado a ser mayoría al representar el 50,4% de la población en 2009 frente al 37,6% de 2006.
Aun así, la presidenta no puede olvidar que el país precisa reformas en sanidad, educación, el sistema de la Seguridad Social y el tributario. Sólo en 2009 los brasileños pagaron en impuestos el equivalente a casi el 40% del PIB. En 2010 se espera otro récord.
El gran desafío de la nueva presidenta es, por tanto, realizar un ajuste económico importante. “Tiene que impedir la revalorización del real y para eso debe reducir la tasa de intereses interna, algo que exige reducir los gastos públicos”, explica Magnoli. Esto cobra especial importancia ahora que Brasil tiene que acometer una cantidad de proyectos de cara a la Copa del Mundo de Fútbol de 2014 y de los Juegos Olímpicos de Río en 2016.
Nuria Pont, directora de la Cámara de Comercio Española en Brasil, afirma que “las obras necesarias son muchas y están proyectadas no sólo para la construcción de estadios de fútbol sino también de aeropuertos, puertos, carreteras, red hotelera, telecomunicaciones, saneamiento y energía”. Sin olvidar el tren bala, que unirá la ciudad de Campinas con Sao Paulo y Río de Janeiro. Por eso, la política de financiación pública de las obras parece inviable. “No se puede hacer todo esto con base a deuda pública”. “Si no podría desencadenarse la debacle que se produjo en Grecia y Portugal como consecuencia de la financiación por parte de estos estados de las Olimpiadas y el Campeonato Europeo de Fútbol, respectivamente”, añade.
Además, Brasil no tiene ni el capital suficiente ni la capacidad tecnológica para afrontar todo lo que viene, afirma un directivo español que vive en Sao Paulo. Por eso, va a tener que dar entrada a inversores extranjeros. Ahí es donde las empresas españolas están en la primera posición.
Fuente: Expansión
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